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Hasta ayer había dos cantantes que para mi coincidían en una cosa. Me gustaba mucho su música, pero repudiaba sus actitudes ante la gente, su público y mucho de lo que hacían en su vida. Eran Enrique Bunbury y Michael Jackson.

El primero, porque iba muy de divo cuando eso es lo último que debe hacer una persona que ha tenido su parte de éxito pero por el camino que llevaba no iba  a pasar a la historia de la música. Se iba de los conciertos a mitad, repudiaba a la gente que lo criticaba y muchas otras cosas más. Pero en el concierto de los retornados Héroes de ayer en Zaragoza, recuperó mi respeto. Pidió cinco minutos de descanso muy educadamente y lo dio todo en el escenario.

Así si, señor Bunbury. Ahora, para mí recupera la confianza del artista completo.

Lo de Michael Jackson lo dejamos para otro día.